
Su piel se oscureció con el tiempo y el cansancio.
Sus manos se tensaron con el vacío.
Su gesto adusto,
el ceño fruncido.
Plasmó el escultor el instante
en el que El miró la mano usada...
Esa mano pagana.
La boca en un rictus perpetuo,
provocado por la palabra violada.
Atroz equivocación causada,
cerrados los oídos a las palabras,
vendados los ojos a las verdades.
La barba crispada le recriminaba,
la actitud cruel e inaudita,
el amor egoista y rayano.
Plasmó el escultor su gesto
comprendiendo la tragedia presenciada.
Sus manos se tensaron con el vacío.
Su gesto adusto,
el ceño fruncido.
Plasmó el escultor el instante
en el que El miró la mano usada...
Esa mano pagana.
La boca en un rictus perpetuo,
provocado por la palabra violada.
Atroz equivocación causada,
cerrados los oídos a las palabras,
vendados los ojos a las verdades.
La barba crispada le recriminaba,
la actitud cruel e inaudita,
el amor egoista y rayano.
Plasmó el escultor su gesto
comprendiendo la tragedia presenciada.
Puso al gigante inmóvil,
en su clímax, de mística barbarie desatada.
Condenándolo eternamente,
en su clímax, de mística barbarie desatada.
Condenándolo eternamente,
a mirar su mano pagana.