
Las penumbras de la habitación exacerban mi vista.
Juego con las sombras que se contornean.
Danzan rituales algo salvajes de apareamiento.
Como aves, como peces, son animales y me río…
Cierro los ojos y abro otros.
Hay olor a arena mojada.
Está muy cerca la playa.
El sonido del palpitar de una fogata…
Lo escucho, me susurran sus latidos
que penetran sin permiso estos oídos.
Me acerco, toco y me quemo.
Veo las brasas que abrazan.
Incandescentes.
Hay olor a madera quemada.
Restos de memoria de tu perfume amaderado.
Siento la arena en los pies descalzos.
Ella se hunde intentando tragarlos.
Y sobre ella me recuesto.
Con el alma desnuda
y desnuda con mi alma.
El viento que entra por la ventana,
se disfraza de brisa marina...
Perfumado con iodo y salitre...
El me seduce.
Conoce mis raíces…
Y me abraza con brasas.
Mas luego prosigue,
recorriendo poro a poro,
Lamiendo la arena a mi piel pegada.